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Dormir bien también forma parte de cuidar la salud

Cuando pensamos en cuidar nuestra salud, solemos hablar de alimentación, ejercicio, tratamientos, medicación… Sin embargo, hay un elemento básico que con frecuencia pasa a un segundo plano: el sueño.

Dormir no es simplemente dejar de estar activos. Durante la noche, el organismo continúa trabajando: regula el sistema nervioso y el sistema inmune, modula la inflamación, repara tejidos, organiza la memoria, ajusta el metabolismo, recupera energía…

Por eso, un buen descanso es importante para mantener la salud, pero adquiere todavía más valor cuando esta se encuentra alterada. Ante una lesión, una infección, una intervención quirúrgica, un proceso inflamatorio, una enfermedad crónica, una etapa de fatiga persistente…, el cuerpo necesita disponer de un entorno interno favorable para poder recuperarse.

El sueño es uno de los factores que contribuyen a crear ese terreno adecuado. Junto con la alimentación, el movimiento, la respiración, la gestión del estrés, el entorno…, puede facilitar los procesos de regulación, adaptación y reparación del organismo.

Entre los principales beneficios de un buen descanso nocturno se encuentran: una mejor regulación del sistema nervioso, una respuesta inmune más eficaz, un mejor control de la inflamación, una mayor reparación de los tejidos, más energía, mejor concentración, una menor percepción del dolor y la fatiga…

Por el contrario, el sueño puede verse alterado por el estrés mantenido, los horarios irregulares, el exceso de pantallas por la noche, la cafeína, el alcohol, las cenas copiosas, el dolor, la inflamación, el sedentarismo, el exceso de carga física, el ruido, la luz, una temperatura inadecuada, algunos trastornos respiratorios…

Para favorecer el descanso pueden ayudar medidas sencillas como mantener horarios estables, exponerse a la luz natural por la mañana, reducir los estímulos al final del día, cuidar la cena, limitar la cafeína y el alcohol, realizar actividad física adaptada, mantener el dormitorio oscuro y fresco…

También puede ser útil practicar durante unos minutos una respiración lenta y cómoda antes de acostarse: inspirar suavemente por la nariz durante 4 segundos y espirar durante 6 segundos, sin forzar. Este ritmo puede ayudar a reducir el estado de alerta, disminuir el predominio simpático y favorecer la activación parasimpática, preparando al organismo para el descanso.

Dormir bien no garantiza por sí solo la recuperación, pero dormir mal puede dificultarla. Por eso, valorar la calidad del sueño y del descanso forma parte de una mirada global sobre la persona y sobre los factores que pueden estar favoreciendo o limitando su proceso de recuperación.